Wolf pride

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

El dragón y su lamento

Hubo una vez, un dragón solitario en la cima de un monte, tenía signos de lucha en todo su cuerpo y se veía que los años le habían tratado mal, su lamento, había dado a conocer ese lugar como el pesar del dragonicidio.

El dragón, que no podía alzar el vuelo pues sus alas estaban ya deterioradas con el paso del tiempo, contemplaba el basto cielo, hasta que un dia, una persona, se perdió llegando al lugar donde estaba este.

- qu-que hace un dragón en este lugar? No os habíais extinguido?
Preguntó la persona que se dirigía al dragón.
-soy el último de un linaje ya olvidado, aquí me hallo, solo, a la espera del fin de mis días.
-pobre...pobre dragón - expresó angustiada la persona en cuestión- no temáis, no os tengo miedo, he escuchado historias vuestras de nuestros ancestros.
- no necesito la piedad de una humana
-le interrumpe la humana- no es piedad, es empatia.

La humana, sin temor alguno, se fue acercando poco a poco al dragón pese a que este la miraba amenazante y enseñando sus dientes.
- no temáis, no sois el único de un clan extinto, ni sois una amenaza para mí - profirió acercandose a sus alas, tocandolas como si estás fueran a romperse como el cristal las cuales estaban en muy mal estado.

-como es posible que no me temáis? Los humanos desde tiempos inmemoriables nos habéis cazado, nos habéis odiado hasta el punto de querer matarnos a todos y aquí me hallo...
- porque no estás solo. No ahora...

Era de noche, pero con la luz de la luna se dejó ver una figura que iba cambiando a una forma felina exhuberante, su pelaje era blanco y sus rayas azules, fría e impotente pero a la par cálida.

La joven, le explicó quien era y de dónde procedía, al parecer era una cambiaformas que había vivido toda su vida alejada de la humanidad por el repudio que estos le habían ocasionado en la aldea que crecio.

- cuentan - explicó la joven - que en este mundo, los únicos que pueden coexistir juntos y están a la altura...son el dragón y el tigre.

El dragón, fascinado por su aspecto y sus simples palabras pero contundentes, hicieron que su corazón apagado volviera a brillar una vez más, pues quería saber más de ella, y cubriendo a la felina con su ala rota, estuvieron hablando hasta el fin de la noche.

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